SERGIO MACÍAS BREVIS
Asesor Cultural de la Embajada de Chile en España

NERUDA Y EL TREN DE SU INFANCIA
“Mi voz será la misma del sembrador que cante cuando bote a los surcos siembras de pulpa ardiente”
-Pablo Neruda-

Una parte fundamental de la memoria poética de Pablo Neruda fueron su infancia y casi toda su adolescencia, transcurridas en la región de la Araucanía. Territorio que le condicionó con sus elementos telúricos que jamás abandonó a lo largo de su prolífica creación. La infancia le une a la madre Naturaleza: a los bosques, al mar de Carahué, a las piedras, pájaros, insectos, cereales, flores que van tomando un significado y una dimensión en su conciencia. En la gran morada cósmica, siente los conciertos de la lluvia sobre las araucarias y los techos de zinc. Los temporales que descabezan el trigo y los pezones de la primavera. Esta asimilación la pudo hacer gracias a su curiosidad por descubrir las germinaciones, la arquitec- tura de los ríos y de las espigas.
La revelación que encuentra en la naturaleza también se debe a que su severo padre lo lleva en el tren lastrero que conduce hacia el interior del territorio recién colonizado. Así pudo adentrarse en la selva enmarañada y húmeda. En un universo que irá conforman- do su poesía cosmogónica. Es por ello que su verbo brota de las entrañas de la tierra, de la materia, del viento que vuela con alas de nieve y fuego de volcanes y relámpagos. Nada escapa a sus dimi- nutas pupilas, a su mente de niño; a su imaginación impregnada

de los parajes exuberantes en el reino de las raíces y de los pétalos. Sus descubrimientos le servirán como fundamento para tejer en el tiempo composiciones desbordantes de misterios terrestres, de mezclarlas con el amor, el compromiso social y la muerte.

En el tren de su geografía mapuche, mágica y rebelde, que le da fuerza a sus emociones: “Yo crecí estimulado por razas silenciosas, / por penetrantes hachas de fulgor maderero, / por fragancias secretas de tierra, ubres y vino: / mi alma fue una bodega perdida entre los trenes,

/ en donde se olvidaron durmientes y barricas, / alambres, avena, trigo, cochayuyo, tablones, / y el invierno con sus negras mercaderías”.1  Es el tren que conduce su padre, José del Carmen Reyes, el que lo lleva a lugares cercanos de Temuco, que es su ciudad. Mientras el conductor cumple con sus labores, él camina entre la frondosa hierba atraído por los árboles, el canto de las aves, las espadas de luz que atraviesan las hojas, el sonido de los riachuelos, los colibríes que se equilibran succionando las bocas de las flores.

En El tren nocturno dice: “Tal vez comencé entonces / la página terrestre, / aprendí los kilómetros/ del humo, / la extensión del silencio.

/ Pasábamos Lautaro, /robles, trigales, tierra/ de luz sonora y agua / victoriosa: / los largos rieles continuaban lejos, / más lejos los caballos de la patria / iban atravesando / praderas/ plateadas, / de pronto/ el alto puente del Malleco, / fino / como un violín / de hierro claro”.2 El tren es para Neftalí génesis de su creación poética. Incluso, influye para convertirlo en un viajero permanente. Será conductor y pasa- jero, porque Neruda es el que lleva el tren de su poesía geológica.

Aunque a su padre no le agradaba que su hijo fuese poeta, sin saberlo contribuía a darle los materiales para fabricar al hablan- te lírico. Le irá llenando la bodega de la memoria con diferentes mercancías planetarias, que luego él elaborará para descargarlas como objetos destinados al consumo espiritual. Así el tren pasa a ser para el vate un símbolo. En su obra, se refleja como un conjun

to: padre-tren-paisaje-hogar. Seguramente porque le gusta esta imagen, cuando encuentra una locomóvil la coloca en el jardín de su casa en Isla Negra. El tren es el vehículo amado inolvidable que habitará en su memoria; aquel que atravesaba el mágico territorio donde el poeta y soldado español Alonso de Ercilla escribió en octavas reales su gran obra épica La Araucana, en la que realza el valor de los mapuches en su lucha contra los conquistadores.

El padre debe ausentarse diariamente para ir al trabajo, y su tierna “mamadre” Trinidad Candia Malverde y sus hermanos, Adolfo y Laura, están pendientes de su regreso. El poeta lo recuer- da como un hombre poco cariñoso, muy rígido, influido sobre todo por el trabajo. Debe sufrir los fríos inviernos y la rudeza de los obreros que transporta: “El padre brusco vuelve / de sus trenes:

/ reconocimos / en la noche / el pito de la locomotora / perforando la lluvia / con un aullido errante / un lamento nocturno, / y luego /  la puerta temblaba”.3

En sus Memorias, cuenta que José del Carmen Reyes fue obrero en los diques del puerto de Talcahuano, en el sur del país, y que terminó como ferroviario en Temuco: “Era conductor de un tren lastrero. Pocos saben lo que es un tren lastrero. En la región austral, de grandes vendavales, las aguas se llevarían los rieles si no se les echaran piedrecillas entre los durmientes. Hay que sacar en capachos el lastre de las canteras y volcar la piedra menuda en los carros planos. Hace cuarenta años, la tripulación de un tren de esta clase tenía que ser formidable”.4 El padre se muestra como el hombre fuerte que regresa anunciándose, primeramente, con el sonido de la loco- motora. Luego, sus recias manos abren las puertas de la modesta casona y con sus fuertes pisadas hace temblar el piso. El ambiente se pone tenso. La propia madera de la casa protesta a través de los gemidos de la escalera, que se ahogan con el ruido de la lluvia que golpea los techos, mientras el frío pasa batiendo sus alas:

/ El viento en una ráfaga / entraba con mi padre/ y entre las dos pisadas y presiones / la casa / se sacudía / las puertas asustadas / se golpeaban con seco / disparo de pistolas, / las escalas gemían / y una alta voz / recriminaba, hostil, / mientras la tempestuosa / sombra, la lluvia como catarata / despeñada en los techos / ahogaba poco a poco

/ el mundo / y no se oía nada más que el viento / peleando con la lluvia” . 5  El poeta rinde a través del tren un emocionado homenaje al padre ferroviario que “es marinero en tierra / y en los pequeños puertos sin marina”.6  Tiene que llegar al hogar, madrugar para salir corriendo y empaparse con el agua bajo los temporales, hasta que un día el padre se va en el tren de la muerte. Lo reemplaza el hijo como conductor de la poesía, de un convoy que transporta los elementos telúricos de la región.

En Oda a los trenes del Sur, describe los vagones que se desli- zan bajo los aguaceros. Trenes que parece que van a desaparecer porque se termina el territorio, para caer al océano del infinito entre montañas, trigales, sombras y cascadas. Y en Oda a un tren en China, identifica la poesía con el tren que lo lleva por maiza- les y banderas rojas. Y cuando aparecen la lluvia, las nubes, las amapolas, recuerda su infancia: “oh, viaje de mi vida, / una vez más plena luz, en plena proporción y poesía / voy con el tren rodando,

/ como ayer en la infancia más lluviosa”.6

El poeta reflexiona sobre ese periodo importante de su existen- cia, describe rememorando lo que le quedó en la memoria: “El tren que corre / desenfrenando la naturaleza, / cumpliendo su navegación terrestre. / Cuando descansa el largo tren, / se juntan los amigos, / entran, se abren las puertas de mi infancia, / la mesa se sacude, / al golpe de una mano ferroviaria / chocan los gruesos vasos del hermano / y destella / el fulgor / de los ojos del vino”.7   Vuelve a reiterar el signi- ficado material, terrestre que tiene el tren. Una vez cumplida su misión, se juntan los amigos ferroviarios para descansar y alternar alrededor de una mesa con vino. El niño está atento a esas reunio- nes que le impresionan con su padre en el medio: “Mi pobre padre duro / allí estaba, en el eje de la vida, / la viril amistad, la copa llena.

/ Su vida fue una rápida milicia / y entre su madrugar y sus caminos,

/ entre llegar para salir corriendo, / un día con más lluvia que otros

días / el conductor José del Carmen Reyes / subió al tren de la muerte

y hasta ahora no ha vuelto”.8 Cada vagón es un texto, palabras que se enganchan fácilmente unas con otras y con sueños que lo llevan a lugares lejanos. Su creación forma un tren inmensamente largo. Hay un solo eje, que es el Sur. Un solo impulso que da el movi- miento, la infancia. El tren no muere con Neruda, porque la carga cósmica que transporta trasciende más allá de los pueblos. La loco- motora es alimentada con el carbón de los recuerdos.

Lo percibimos en los poemas El niño perdido, 1921 y El tren Nocturno. Forman parte de los trenes lastreros de la memoria: “Todo vive tras una cerrazón enfermiza / de recuerdos que acuden cuando corre el vagón / su ruta triste bajo los cielos cenizas”.9 Su sensi- bilidad social, que lo lleva al compromiso militante, procede de su hogar ferroviario. El medio en que se desenvuelve es propio de una modesta clase trabajadora. Cuando nombra a los “maquinistas”, identifica la labor de su padre, que le entregó en sus viajes la viven- cia sureña y el medio duro en que se desenvolvía: “Venían de los campos, de los suburbios, de las cárceles. Eran gigantescos y musculosos peones. Los salarios de la empresa eran miserables y no se perdían ante- cedentes a los que querían trabajar en los trenes lastreros. Mi padre era el conductor del tren. Se había acostumbrado a mandar y a obede- cer”.10

Es un poeta que gustaba del hogar, pero con una necesidad impe- riosa de viajar, como si siempre estuviese esperando y recordando el tren de su padre que atravesaba los pueblos de la Araucanía. Años más tarde, le canta a Matilde: “Tu casa suena como un tren a medio día”.11   En el mismo tren que conducía el padre se iban a veranear. Subían a un vagón hasta los colchones para dormir en el pueblo de Carahué y disfrutar del mar: Y luego la llegada a la ciudad fluvial. El tren daba sus pitazos más alegres, oscurecía el campo y la estación ferroviaria con inmensos penachos de humo de carbón. Tintineaban las campanas, y se olía ya el curso ancho, celeste y tranquilo del río Imperial que se acercaba al océano”.12   Todos estos acontecimientos fueron inolvidables para la mente de aquel niño que, con estas impresiones, se iba formando como poeta. El tren lo llevó a regio- nes madereras y mágicas. Soñó historias que luego conformaron su poesía. Conoció a la gente que rodeaba a su padre; los pequeños poblados de campesinos y de indígenas que comerciaban en calles y estaciones. Fue el viajero de la lluvia y la palabra, que en invierno calentaba sus pies con los calcetines de lana que tejían las mapu- ches. Ese fue el sur que alimentó su memoria.

Sobre Sergio Macías Brevis:

Nació en el sur de Chile, la Araucanía, Gorbea. Cursó estudios de Derecho en la Pontificia Universidad Católica, y trabajó en la Fiscalía del Servicio de Seguro Social hasta 1973, fecha en la que fue exonerado por la Dictadura Militar. Vivió su exilio en México y luego en Alemania, donde se especializó en Literatura Latinoamericana e impartió clases de español durante cinco años en el Instituto de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Rostock. En 1979, se radicó en España. Ha dado recitales y conferencias en las principales instituciones y universidades españolas, así como en diferentes países. Participa en congresos de escritores y en jorna- das sobre hispanismo árabe. Tiene importantes galardones litera- rios, como el Primer Premio Ángel Cruchaga Santa María, 1967; Primer Premio en los Juegos Florales Gabriela Mistral, 1971; dos Menciones Honrosas en el Concurso Nacional Carlos Pezoa Véliz, editorial Quimantú, 1972; Premio Pablo Neruda 80 Años, Sech- Editorial Nascimento, 1984; Primer Premio Ciudad de Tetuán, Marruecos, 1986; Mención Especial en la Feria de las Ideas por la Paz, Hospitalet, España, 1986; Premio Café Marfil de Poesía, Elche, España, 1987, Premio América V Centenario para Iberoamérica, España, 1991; y Beca de Creación Literaria del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, Chile, 1998. Está incluido en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y ha sido traducido al árabe, alemán, holandés, francés e italiano.

Obras de poesía:

»  Las manos del leñador, Ed. Tebaida, Chile, 1969.

»  La sangre en el bosque, Ed. del Grupo Fuego de la Poesía, Chile, 1974.

»  En el tiempo de las cosas (carpeta ilustrada: acuarela y poesía), bilingüe, alemán y español.

Ed. Casa de la Cultura de Rostock, RDA, 1977.

»  Mecklenburgo, Canción de un desterrado, Ed. Casa de la cultura de Rostock, Alemania,

1978.

»  Ons Zoekt de Hoop (Nos busca la esperanza), en holandés, Ed. In de Knispscherr, Holanda,

1979.

»  El jardinero del viento, Ed. Swan, España, 1980.

»  Crónica de un latinoamericano sobre Bagdad y otros lugares encantados, en árabe. Ed. Minis- terio de Cultura e Imprenta del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irak, Bagdad, 1988, y en español, ibíd., Irak, 1989. Además, una 2ª edición por Impresos Universitaria, Chile,

1997.

»  Memoria del Exilio, Ed. Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI), España, 1985.

»  Noche de Nadie, Poesía Ambos Mundos, Ed. Centro de Estudios Salvador Allende, España,

1988.

»  El libro del tiempo, Ed. Caja de Ahorros del Mediterráneo -CAM-, Elche, España, 1989.

»  Tetuán en los sueños de un andino, Ed. Betania, España, 1989.

»  La región de los últimos prodigios, Ed. Comisión Murciana del V Centenario, Murcia, Premio América V Centenario, España, 1992.

»  El manuscrito de los sueños, Ed. Impresos Universitaria, Chile 1994.

»  El Paraíso Oculto, Ed. CESOC, Chile, 2000.

»  El hechizo de Ibn Zaydûn, Ed. Academia Iberoamericana de la Poesía, Valparaíso, Chile,

2001.

»  En torno a Isla Negra. Texto de Sergio Macías y fotografías de Claudio Fabián Pérez, del

Centro Editores, cien ejemplares numerados y firmados por los autores, Madrid, 2008.

»  El manuscrito de los sueños, en árabe y español, Ed. Dar Al-Qarawiyyin, traducido por el profesor Mesbah Abdeslam, Casablanca, Marruecos, 2008, y otra edición bilingüe, árabe y español, Fundación VIPRÉN, España, 2008.

»  Ziryab. El mágico cantor de Oriente, Ed. Ánfora Nova, España, 2010.

»  Cantos para Altazor, Ed. Universitarias de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de

Valparaíso, Chile, 2012.

Literatura infantil:

»  El niño y la tierra (poemas), Ed. Universidad Autónoma de México D.F., México, 1980.

Monografías:

»  La “Casa” como símbolo poético en la obra de Pablo Neruda, Actas de la Academia de Cien- cias de Hungría, Budapest, 1976.

»  Breve aproximación a 16 años de poesía chilena -1973-1989- Cuadernos Hispanoamerica- nos, ICI, España, 1990.

»  Los indios mapuches, Revista Imágenes de la Fe, número 263, España, 1992.

»  Gabriela Mistral: Poesía y Justicia Social, Zaragoza, 1998, y Gijón, 1998.

Novela:

»  El sueño europeo, Ed. CESOC, Santiago de Chile, 1994.

Antologías:

»  Los poetas chilenos luchan contra el fascismo (poesía), Ed. Comité Chile, Berlín, RDA,

1978.

»  El jardín de la amistad (poesía infantil), Ed. Marsiega/Iepala, España, 1979.

»  Páginas de un poeta de la Araucanía,  (poesía), Ed. Asociación Cultural Tempestades, Madrid, España, 1998.

Ensayos:

»  Presencia árabe en la literatura latinoamericana, Ed. Impresos Universitaria, Chile, 1995.

»  Literatura marroquí en lengua castellana, (con Mohamed Chakor), Ed. Magalia, España,

1996.

»  Marruecos en la literatura latinoamericana, Ed. Ministerio de la Comunicación, Rabat, Marruecos, 2000.

»  El legado poético de La Araucana, Ed. Ayuntamiento de Bermeo, España, 2002.

»  El Madrid de Pablo Neruda, Ed. Tabla Rasa, Madrid, 2004.

»  El Quijote en Chile (selección de ensayos), Ed. Aguilar, Chile, 2005.

»  Gabriela Mistral o Retrato de una peregrina, Ed. Tabla Rasa, Madrid, 2005.

»  Influencia Árabe en las Letras Iberoamericanas, Ed. Universidad Internacional de Andalu- cía, Sevilla, España, septiembre 2009.

Estudio sobre su obra:

»  El Paraíso Habitable- Introducción a la poética de Sergio Macías, por el poeta y filólogo español Remo Ruiz, Ed. Fundación Viprén, 388 páginas, Chiclana de La Frontera, Cádiz, España, 2004.

»  Poética neoarábigoandaluza en el escritor chileno Sergio Macías, por la profesora María Olga Samamé Barrera, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades. Centro de Estudios Árabes. Revista de Estudios Filológicos, nº48, ps.103-118, Chile, 2011.

Catálogos de pintura y poesía:

»  Imagen de un centenario -Pintores chilenos y españoles ilustran Neruda-, Notas poéticas de

Sergio Macías Brevis, Museo de América, Madrid, 2004.

»  Metafísica, Catálogo de Exposición de pintura y poesía del artista Héctor Villarroel, con poemas de Sergio Macías, Fundación Alianza Hispánica, Madrid, 2008.

»  Altazor -Pintores chilenos y españoles ilustrando a Huidobro-, Introducción poética en siete cantos de Sergio Macías Brevis, Museo de América, Madrid, 2009.

»  “Todas íbamos a ser reinas… Pintoras chilenas y españolas”. Gabriela Mistral. Chile 2010

Año del Bicentenario. Incluye artículo de Sergio Macías: “Gabriela Mistral, poeta errante

y marginada”. Museo de América y Fundación Endesa, España, 2010.

Está incluido en varias antologías y muchos de sus libros tienen contenido árabe, por ejemplo, en poesía: Crónica de un latinoame- ricano sobre Bagdad y otros lugares encantados, Tetuán en los sueños de un andino, El hechizo de Ibn Zaydun, El manuscrito de los sueños, y Ziryab, El Mágico cantor de Oriente. En novela: El sueño europeo. En ensayo: Presencia árabe en la literatura latinoamericana, Litera- tura marroquí en lengua española (con M. Chakor), Marruecos en la literatura latinoamericana e Influencia árabe en las letras iberoameri- canas. Ha dado conferencias sobre el tema árabe y recitales en Irak, Marruecos, Túnez, Argelia y España. Participa en congresos sobre hispanismo árabe y ha escrito numerosos artículos sobre el mismo tema.

Fue Presidente de los Consejeros y Agregados Culturales de Iberoamérica, Filipinas y Portugal (1996-1997). Actualmente es Asesor Cultural de la Embajada de Chile en España.

Referencias: Biblioteca Cervantes Virtual, buscador de Google y página web: sergiomaciasbrevis.es